Venezuela requiere :La Tolerancia Social

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  En el articulo cambiar la manera de cambiar 2015, he señalado slide1que en una sociedad no hay transformación social si no hay cambio individual. El esfuerzo de cada uno de los habitantes de un país o miembros de organizaciones en particular, en busca de un nuevo modelo, una nueva forma de convivir o de producir es lo que hace exitosa a ese conglomerado de humanos. Si las cosas que hemos venido realizando hasta ahora no dan los resultados esperados debemos buscar otras maneras, otros caminos.

En sociedades como la nuestra, que atraviesan por momentos de profunda crisis estructural, donde la falta de producción de bienes y servicios, la inflación, el exceso de ideologización de la sociedad nos tiene al borde de una ruptura social. Es necesario tener Tolerancia Social.

Si bien es cierto que el hombre, en su búsqueda de asegurar la cohesión de todo aquello que considera que forma parte del yo, de lo idéntico a si mismo, en su búsqueda de servir a ciertos intereses que supone amenazados, es intolerable; luego aprende a ser tolerante primero por necesidad y luego por una decisión racional basada en el pacto del consenso motivada por el conflicto de vivir juntos. Si, así es, la necesidad de convivir con su pares hace que el hombre acepte una situación indeseada ante un mal que solo se podría erradicar al precio de uno mucho mayor. Es por ello, a partir del siglo XX la tolerancia se ha establecido como un principio fundamental de coexistencia pacifica y de la convivencia en medio de la diversidad, del pluralismo y la interdependencia.

La tolerancia social nos exigirá encontrar un compromiso que nos permita vivir en una coexistencia fraterna con nuestros coterráneos, respetando su forma de vida, su forma de pensar y sobre todo su forma de concebir la conducción de nuestra sociedad. Somos victima de una siembra de odio, resentimientos y de antagonismos trasmitidos desde la propia superestructura del Estado que ha ido penetrando todos los niveles de nuestra sociedad. El Estado no es el llamado a reconocer y proclamar la verdad, no puede imponer a las personas cuales han de ser sus preferencias. ¿Cómo podemos liberarnos de este círculo vicioso? No escuchando al viejo que vive en nosotros, no cavilando sobre eventos padecidos de intolerancia, no pensando en la revancha ni en la imposición de nuestras ideas.

La intolerancia como ideología y como sistema político parece germinar en un país en terreno de crisis. En Alemania por ejemplo, las profundas crisis económicas y sociales en el pasado, permitieron que surgiera el régimen fascista. Los nazis sostenían que “la tolerancia conduce hacia un Estado neutro, despojado de su substancia, contra el cual el único remedio es el Estado Total”, pues semejante Estado no tolera en su interior la existencia de fuerzas hostiles que frenan su acción. Para ellos los adversarios, los ciudadanos comunes y corrientes que no profesaran sus ideas eran considerados enemigos, traidores y apátridas en consecuencia debían ser perseguidos y excluidos y hasta asesinados. Cuidémonos de los extremistas.

La tolerancia social es el derecho a la alteridad, la apertura hacia el otro. El extremista se aprovecha de la dificultad que esto implica. Se presenta como el intento por seguir siendo uno mismo, contra supuestos complots mundiales o de sectores políticos internacionales. Incluso los dirigentes extremista se presentan como los únicos “políticamente correctos”, y se comportan como si su ideología, identidad y permanencia hay que preservar a toda costa contra las influencias externa y presiones internas. Es fácil organizar la lucha política en torno al odio, pero es difícil estructurar la política sobre la base de la solidaridad.

Nelson Mándela, un líder extraordinario que dio grandes muestra de tolerancia social cuando salió de una larga prisión y asumió la presidencia de Sudáfrica nos regala esta frase “si quieres hacer la paz con tu enemigo tienes que trabajar con él. Entonces se convierte en tu compañero”. Su ejemplo de reconciliación y de reunificación de su país debe estar siempre presente en cada uno de nosotros.

¿Practica Ud. la tolerancia social con su prójimo?, ¿con su vecino?, ¿con su compañero de cola?, total recuerde que todos somos hijos de Dios y saber que ellos son idénticos a nosotros, por lo tanto debemos quererlos.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hector Adrian Maita dice:

    EXCELENTE TRABAJO,ES FUNDAMENTAL CON PRENDER QUE FORMAMOS PARTE DE UN GRAN CONGLOMERADO QUE PARTE DE UN MISMO PRINCIPIO Y SE ALIMENTA DE LAS MISMAS AGUAS.

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